El poder de los hábitos


El poder de los hábitos

Por David Fischman (*)

 

Usted podría instalar en su cerebro los hábitos que necesita para tener la vida que desea.

Una persona decidió ir al gimnasio. Aunque tenía que despertarse a las 5.30 a.m., pudo hacerlo la primera semana. Pero ahora está en la tercera y ya ha faltado dos días. Le cuesta salir de la cama y luego tiene que correr al trabajo, lo que lo deja agotado. No sabe si seguir o parar.

¿Por qué es tan difícil formar hábitos saludables? La disciplina es como un músculo que a medida que lo ejercemos se agota. Es decir, tenemos una cantidad limitada de disciplina, que si la usamos, ya no nos quedan fuerzas para controlar nuestros impulsos. Neuronalmente, la disciplina se ubica en la corteza prefrontal del cerebro. Pero como menciona Duhigg en su libro “El poder de los hábitos”, estos se almacenan en una zona diferente del cerebro llamada ganglios basales. Una vez que se forma un hábito, este actúa de forma automática y no usa otros recursos neuronales.

Nuestra disciplina limitada es mejor usarla para formar hábitos saludables y luego estos, una vez instalados, nos ayudan a formar la vida que queremos. Según Duhigg, para instalar un hábito se requiere de una señal, una rutina que repetimos y luego un premio o gratificación. Por ejemplo, aquellas personas que tienen el hábito de comer postres después de cenar. La señal, sería terminar la comida, el objetivo de la señal es indicarle al cerebro que lance el hábito. La rutina sería comer el dulce y la gratificación sería la inyección de azúcar a la sangre, que genera una sensación inmediata de bienestar y gratificación.

Veamos qué pasó con la persona del gimnasio. La señal posiblemente era ver la hora o el despertador y la rutina era hacer deportes. Pero, ¿cuál era la gratificación? Cuando uno empieza a hacer deporte no hay mucha gratificación sino músculos adoloridos. Quizá a la persona le faltó generar un premio temporal, como un helado de dieta o algún dulce poco calórico. Si tenemos clara la señal, repetimos una rutina por 30 días y obtenemos una gratificación, el hábito se forma.  Si uno es consciente de cómo formar los hábitos tiene más posibilidades de poder instalar en su cerebro, aquellos que necesita para tener la vida que desea.

(*)David Fischman es escritor, columnista y consultor internacional.  Ha dedicado los últimos años a la investigación y enseñanza de temas de liderazgo, recursos humanos y cultura empresarial.  Ha dictado conferencias y seminarios en diversos países de Latinoamérica y en Estados Unidos.  Autor de los libros: “El camino del líder”, “El Espejo del líder”, “El Secreto de las Siete Semillas”, “Liderazgo en práctica”, entre muchos otros.  A la fecha se han vendido más de 350,000 ejemplares de sus libros en el mundo.

Artículo extraído de www.davidfischman.com

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1 comentario

  1. ROGER MARTIN CARLOS HUAMANI
    7 diciembre, 2014
    Responder

    Es verdad ,muy bueno crear buenos habitos es nuestra vida y que tambien nos imiten estos habitos is funcionan conmigo tambien con ustedes familia querida.

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